Carta abierta de Kokopelli

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Amigos y amigas de Kokopelli,

El Tribunal de Apelación de Nîmes condena las semillas tradicionales y la Asociación Kokopelli.

La Asociación Kokopelli defiende, promueve y conserva semillas de variedades tradicionales, desde varios años. Con alrededor de 5500 miembros, la asociación Alesiana cultiva mas de 2000 variedades tradicionales de flores, cereales y verduras, a través de una docena de productores y de sus miembros, lo que la convierte en el depósito genético francés mas importante, accesible a todos.Trabajando con fondos propios, Kokopelli colecta, conserva y multiplica las semillas heredadas a través de 10.000 años de selección familiar, lo que constituye el mas antiguo y quizás el mas valioso patrimonio común a toda la humanidad.

En marzo de 2006, Dominique Guillet, presidente de la asociación Kokopelli, había sido absuelto por el Tribunal de Alès del cargo de «venta de semillas no inscritas». Sin embargo, a solicitud del Fiscal, del GNIS y del FNPSP , El Tribunal de Apelación de Nîmes cambió su decisión con el siguiente fallo (22/12/2006):

17.130 euros de multa,

2 x 1 euros de indemnización,

2 x 300 euros de compensación,

casi 2000 euros de gastos de publicación del veredicto

afirmación de la culpabilidad del señor Guillet por la venta de semillas que no están inscritas.

Es importante señalar que el Abogado General había pedido a la audiencia la puesta en libertad de Dominique Guillet, y considerado que la demanda no era admisible, porque no fue efectuada ante el tribunal apropiado.

Despreciando las actuales directivas europeas, La Presidenta de la Corte se apoyó
en un texto petenista que rige la comercialización de semillas. Un texto de Vichy que permite, todavía hoy, condenar a un ciudadano que trabaja en favor de la alimentación de las futuras generaciones !!!

En momentos en los que nuestros “responsables? políticos se exaltan ante la biodiversidad en peligro, por la ecología, erigiendo como “eco salvadores? a Al Gore o a Hulot , el más sagrado de nuestros bienes es robado, expoliado, secuestrado,

La casa arde, el granero está lleno de semillas para el futuro y el gobierno no solo
mira para otro lado, sino que hecha leña al fuego, para el beneficio de las multinacionales de las semillas y el interés financiero de una ínfima minoría.

Nuestro patrimonio de semillas sirve, a espaldas nuestras, de base genética para la creación de híbridos y de transgénicos . Hemos sido despojados de nuestras raíces, de nuestra cultura, en pro del interés de las grandes empresas de semillas.

Estamos seguros que el tema de las semillas no estará en el orden del día de “la creación de la ONU-Ambiental?, organizada por nuestro Presidente de la República los días 2 y 3 de febrero. ¿Cómo se puede estar preocupado por el medio ambiente, sin tener en cuenta el futuro alimentario del planeta ?

«La llamada de Paris» debe hacerse en favor de las semillas antiguas, porque son reproductibles en el campo del campesino y en el huerto del verdulero, siendo ellos los garantes de una adaptación a las perturbaciones climáticas y a la llegada del “peak oil? . Contrario a lo que pasa con las tecnologías de semillas “modernas?, totalmente creadas para ser dependientes del petróleo.

El Estado Francés sostiene estructuras privadas de acumulación del patrimonio y la justicia francesa se hace cómplice. En efecto, la directiva europea 98/95 permite la creación de una lista de conservación de semillas con riesgo de erosión genética. Francia ha transcrito esta directiva pero no la aplica. Condenando a Kokopelli, el Estado Francés muestra su desprecio hacia la diversidad genética transmisible. Francia, sancionada regularmente por la Unión Europea por el no respeto de las decisiones comunitarias (la más reciente por la no trascripción del decreto 2001-18, relativo a los transgénicos), prefiere derrochar el dinero de los contribuyentes pagando multas, en lugar de anticiparse y favorecer la clasificación y enumeración de nuestro patrimonio genético cultivado. Kokopelli cumple ésta misión de salud pública y debería beneficiarse de ayudas públicas, como lo prevee el tratado de Roma y la FAO. Sin embargo, ésta evidencia no es la prioridad de nuestros dirigentes: en lugar de preveer (por una vez) y de invertir de manera coherente en una verdadera dotación para el futuro, la justicia francesa prefiere reprimir sin consideración. Los frutos de las semillas tradicionales son elegidos por nuestros ciudadanos y los profesionales: más gusto, formas atrayentes, resistencia a enfermedades adquiridas por coevolución con los factores pedoclimáticos, etc. Todas estas razones deberían incitar al gobierno a reconocer el trabajo de Kokopelli, cuyas semillas responden a las múltiples necesidades de los verduleros, campesinos y consumidores.

Nosotros no tenemos ninguna necesidad de tecnologías transgénicas: con las semillas de la región (tradicionales), disponemos de todo el material genético necesario para cubrir nuestras necesidades, lo que representa una gran tragedia para los vendedores de necrotecnologías.

Es hora de dejar de delegar nuestro futuro a científicos o a grupos corporatistas. El agua y las semillas libres son indispensables para nuestra supervivencia. Las semillas no necesitan de ningun calificativo, ellas deben simplemente SER.

Kokopelli tiene como deber el denunciar al Estado Francés ante la Corte Europea de Justicia, con el fin de obtener la aplicación del derecho para las futuras generaciones. Es indispensable, en respecto de la directiva CEE 98/95, constituir un repertorio de la diversidad biológica cultivada existente, repertorio para el cual debe haber una inscripción libre, gratuita y facultativa.

En este período de deseos y buenas intenciones, en este período de promesas electorales (donde ya se sabe por experiencia, la incapacidad de cumplir estas promesas de parte de aquellos que las hacen), no hay que hablar ni de deseos ni de promesas, sino de un deber imperativo: liberar las semillas de vida y permitir el acceso de éstas a todos.

Más allá de la voluntad de dominar la vida, como lo hacen las multinacionales, apoyadas por el Estado, nadie tiene el derecho a imponer la genética semillera del mañana. Los híbridos mostraron sus límites, los transgénicos (rechazados por un 75% de los consumidores) son una quiebra sanitaria y tecnológica. Las semillas reproductibles provenientes de «variedades-poblacion», constituyen sin duda, gracias a 10.000 años de investigación, una de las grandes soluciones del futuro.

Contacto: Raul Jacquin
04 67 97 50 18
Francia

raoul@kokopelli.asso.fr

www.kokopelli.asso.fr

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